ANTE EL NUEVO CURSO POLÍTICO: MÁS DE LO MISMO

El PP y D. César A. Asencio llevan casi tres lustros gobernando en Crevillent. Pero ni mis compañeros socialistas ni yo mismo hemos visto en lo que llevamos de legislatura la tan cacareada eficacia y limpieza sobre las que el PP basa su machacona propaganda y su continua falsificación de la realidad. La gestión es anodina, presenta fallos constantes y sorprendentes, coloca a los crevillentinos en desventaja frente a otros pueblos, y algunas de sus actuaciones ofrecen amplias dudas legales. Crevillent, en estos tres lustros, se ha retrasado claramente con respecto a las poblaciones de su entorno. Más aún, algunas actuaciones han sido condenadas en los tribunales, mientras que el alcalde no tuvo empacho en justificar, en sede parlamentaria, un posible soborno político.
La legislatura comenzó prácticamente con una sentencia que le decía claramente al gobierno del P.P. que había gastado ilegalmente más de 30.000.000 de las antiguas pesetas. En ella (a denuncia nuestra) se declaró nulo de pleno derecho el procedimiento, justificado en base a una supuesta excepcionalidad, empleado por el gobierno municipal para gastar ese dinero en las obras del auditorio realizadas para “preparar” la venida de D. Mariano Rajoy como pregonero de las fiestas. En esto, la sentencia fue rotunda en varias de sus páginas, con frases como: “la recurrente (la entonces concejal Esther Asensio) tiene razón”, el Ayuntamiento aprobó “un modificado cuando en modo alguno se daban los presupuestos fácticos para ello, “se han infringido los principios de publicidad y concurrencia y las reglas de adjudicación” y “se ha prescindido total y absolutamente del procedimiento debido”.
Pero no estamos ante una situación aislada. Son múltiples los ejemplos en lo que llevamos de legislatura que evidencian cuál es la forma habitual de trabajo de este “eficacísimo” gobierno municipal. Como ejemplos podríamos citar la contratación del proyecto modificado del Museo Mariano Benlliure, realizada cuando la obra estaba hecha; otro ejemplo sería el proyecto de remodelación del entorno de la ermita de San Cayetano, que llegó antes incluso de que se publicara el pliego de condiciones para la licitación; o la obra del colector de Corazón de Jesús, cuyo proyecto se contrató el día anterior a aprobarse en comisión… Peculiar y paradigmático resulta el asunto de los modificados para la obra de la casa de la C/. Blasco Ibañez, una CHAPUZA, escrita así con mayúsculas en la que se entremezclan malas prácticas a la hora de contratar, con modificaciones caprichosas y muy costosas para el pueblo de Crevillent.
Llegamos así al último pleno de la Corporación, celebrado a finales del pasado mes de julio. Hubo en él un par de cosas realmente insólitas. La primera, enterarnos de que un acuerdo totalmente ilegal (de nuevo no porque lo digamos los socialistas, sino porque lo dice una sentencia judicial) entre el concejal de deportes y el presidente del Crevillente Deportivo le ha costado al Ayuntamiento 8.336, 8 euros, más los gastos del abogado al que hemos tenido que recurrir para que el Ayuntamiento se defienda … ¡de su propio concejal! Otra vez, como en el caso anterior, el gobierno municipal se ha saltado todos los procedimientos legales. Por supuesto, desde el grupo socialista hemos exigido que quien la hace la pague: es decir que, tal como prevé la ley, ese dinero se le reclame al concejal y/o a su alcalde, y lo abonen de su propio bolsillo.
Claro que el alcalde, cuando se ve acorralado, no duda en romper todas las barreras permisibles. Ya en una ocasión nos comparó con los etarras, así que estamos curados de espantos. Ahora, para apoyar que el suyo es el mejor concejal de deportes de la historia (por cierto, no le dejó hablar), nos espetó que a ellos al menos no se les había ahogado un niño en una piscina… Abierto este camino, el alcalde siguió poniendo muertos sobre la mesa. En otro punto, quedó patente que a las primeras de cambio de la crisis, ya se le están amontonando facturas en los cajones (reconocimiento extrajudicial de créditos, técnicamente): no 1 ni 2, sino 104 facturas, por importe de más de 30 millones de las antiguas pesetas. Claro que ahora él está muy cómodo con su mayoría absoluta, sin una oposición lo bastante numerosa como para incendiarle el gobierno (vía bloqueo presupuestario) y después apagarle el fuego (vía victoria electoral), como hizo el P.P. en los años anteriores al 95 aprovechándose de que el PSOE no tenía mayoría suficiente… Pero vayamos a lo nuestro: cuando manifesté mi extrañeza porque la mayor parte de las facturas fuesen de SELESA por mantenimiento, todas emitidas con fecha 31 de diciembre de 2008, D. César puso su mejor cara de niño bueno y me dijo con toda su frescura que se debió a la enfermedad y muerte del contable de zona de la empresa. Si Vd. es empresario, por pequeño que sea, y en unos tiempos como los que corren, no hace falta que le diga dónde está la tomadura de pelo que el alcalde pretendió colarnos.
Concluyamos, dejando por una vez tranquila a la oficina técnica y a sus espléndidas relaciones con el P.P., adecuadamente gratificadas, sin hacer una sola hora extra, con 55 millones de las antiguas pesetas en poco más de un año. La pregunta es bien sencilla: ¿Qué ideario político inspira estos constantes actos ilegales? Pues me van a dejar que no la responda yo, sino el propio Sr. alcalde, en una de sus gloriosas tardes (la del 13 de mayo) en las Cortes Valencianas, cuando ante el estupor de sus correligionarios, dijo desde la tribuna refiriéndose al Molt Honorable, pero algo mentirosillo, Sr. Camps: “si de lo único que hay sospechas es de tres trajes ¡Qué baje Dios y nos vea a todos! Porque lo que tienen claro los ciudadanos es que, si después de poner los bolsillos hacia abajo, lo único que hay es eso…”.
En fin, al comenzar el tercer año de legislatura, lo único que hemos visto ha sido desgobierno y paralización, falsedades y embustes, sentencias de ilegalidad, descontrol y facturas en los cajones, derroches sin sentido y desinterés por la situación económica y el aumento del paro. Y en el fondo, las frustradas ambiciones de un alcalde, que se enfrentó con sus propio partido en la Diputación a cambio de un lugar en el paraíso, junto a Camps, en Valencia. Promesa que, como es normal en Camps, aún no ha sido cumplida. ¿Qué precio estamos pagando los crevillentinos por ello?

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