CORRUPCIÓN

Tres perlas de estos días sobre el caso Camps:
1. La de Doña Rita Barberá, pidiendo que se abran diligencias contra Zapatero por haberse dejado regalar las anchoas ofrecidas por el presidente cántabro Revilla.

2. La de la Sra. de Cospedal, diciendo que si condenan a Camps, total será cosa de 2.000 eurillos de nada.

3. La tercera, la de nuestro ínclito alcalde. La doy textual del diario de sesiones de las Cortes Valencianas del 13 de mayo. Decía D. César refiriéndose a Camps: “si de lo único que hay sospechas es de tres trajes ¡Qué baje Dios y nos vea a todos! Porque lo que tienen claro los ciudadanos es que, si después de poner los bolsillos hacia abajo, lo único que hay es eso…”

Qué duda cabe, la que más me sonroja es la última, porque sale de la boca del alcalde de Crevillent, y yo no quiero que mi alcalde diga esas bajezas. Pero va en la misma dirección que la segunda, la de Cospedal: asumido que Camps puede ser condenado, justificar la corrupción con tal de que sea poca cosa. Hemos dado, pues, un paso adelante en la historia de la civilización: ya no se trata de que haya o no corrupción, sino de cuánta hay. Andando camino, quizá pronto tengamos que oír que un poco de corrupción no sólo es natural, sino beneficiosa para que todo funcione.
La primera frase, de todos modos, es la más desconcertante. Sería para chotearse por lo francamente risible del argumento, pero esconde algo mucho más serio: se queja Doña Rita de los regalos. Y yo me pregunto, ¿qué tiene eso que ver con Camps? ¿no habíamos quedado en que nadie le había regalado nada; en que D. Francisco se pagó sus trajes a tocateja? Semejante desliz me parece impropio de alguien como la alcaldesa de Valencia. Puesta su frase al lado de las otras dos, parece que van preparándonos para un futuro probable: el de que continue al frente de la Generalitat un sujeto que no sólo habrá mentido de manera continua y contumaz, sino que además puede haber sido condenado por cohecho; o sea: por soborno, por muy pasivo e impropio que resulte.
Si eso ocurre sin que tiemble el Misterio, no tendremos más remedio que pensar que los cimientos de la sociedad valenciana están profundamente corrompidos. Ya verán como además, habrá quien lo niegue.

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