En los últimos tiempos el tema de la ermita ha sido objeto de discusión en los comentarios a las noticias del diario Información. Como he tenido dificultades técnicas (los duendes de la informática) para poder entrar y dejar mi opinión, abro esta entrada con el doble objetivo de publicar íntegramente mi opinión, y de continuar aquí con la discusión abierta si a los lectores les apetece.
En el asunto de la ermita ya hicimos un video durante la campaña electoral, y siempre hemos mantenido la misma idea: lo que había que hacer era consolidar y mantener los restos existentes como ruina romántica; y al lado, retirar la casita de madera y sustituirla por una construcción del tipo de la que había anteriormente, que no sería difícil de documentar, dedicándola a centro de interpretación.
Precisamente en la campaña electoral de las municipales facilité al ayuntamiento un CD con la documentación que me traje del A.H.N. de Madrid sobre el pleito de la ermita (principios del siglo XIX), que contiene una gran cantidad de información sobre la misma. CD que, pese a entregarse por registro y ante los medios de comunicación, resultó extraviado en algún punto entre el registro y la concejalía. Aunque finalmente se lo he vuelto a entregar, nadie puso el menor interés en investigar en ese tema, aunque su existencia era de sobra conocida desde un artículo de Vicente Gozálvez en una revista de Semana Santa de los años 60.
Del análisis de la documentación se deducía que la ermita a la que correspondían las ruinas que se han derribado fue la segunda que se edificó en el lugar, después de que la primera fuese mandada arrasar por el obispo José Tormo. Esta segunda fue reedificada entre 1792 y 1793, y tuvo una existencia corta y conflictiva (no viene al caso contarlo) hasta los años 20 del siglo XIX. Por tanto, resultaba: que era necesario documentar y excavar en busca de los restos de la primera ermita, pues la documentación insistía en que era mucho más grande; y en segundo lugar, que la ermita quedó abandonada como resultado de un pleito de intereses entre el propio clero (la parroquia quería bajarse al santo por lo “milagrero” que era). Es decir, que ese edificio, de los más de 210 años que tenía, había sido una construcción abandonada como mínimo unos 180. Así que no había una ermita que “rehabilitar” ni “reedificar”, y por otra parte, por su cronología, pertenecía a la época del romanticismo, lo cual abundaba en la idea de conservarla como ruina.
Bien. Todo eso, más o menos, lo hemos dicho y repetido hasta la saciedad por múltiples conductos. Lo que después se ha hecho, con la pretendida “rehabilitación”, es una barbaridad (“bodrio” dije públicamente), obra de patanes a quienes aquello se la trae al pairo. Porque esa es otra: puede haber gente a la que aquello le haya dolido tanto como a mí, pero os puedo asegurar que no más que a mí. Si todos los que han intervenido en este asunto hubieran tenido una décima parte de mi sensibilidad y aprecio por lo que eran aquellas ruinas, no se habrían atrevido a profanarlas de ese modo, arrancándonos un trozo sustancial de nuestro paisaje sentimental. Total, para nada: aún no saben a qué coño van a dedicar aquello.
Me sorprende, por tanto, que se nos pidan responsabilidades a estas alturas, o que planteemos no sé qué denuncias, cuando el daño está hecho y es irreparable, máxime teniendo en cuenta que cuando lo denunciamos nadie se apuntó. Por si alguien no lo sabe, este partido le ganó un pleito por una contratación irregular de 30 milloncejos al alcalde por las obras que hizo cuando Rajoy vino a dar el pregón: el juez lo declaró nulo de pleno derecho y nadie, que yo sepa, parece que haya querido darse por enterado. La verdad es que los medios de comunicación han puesto bastante poco interés en este asunto.
Y es que estamos hablando de política y no de asuntos judiciales. A su modo, Moya está diciendo la verdad. Y la verdad es que, en este pueblo, los ciudadanos votaron lo que votaron: 14 concejales al P.P. y 7 a la oposición. Con eso, el P.P. tiene patente de corso para hacer absolutamente lo que le venga en gana. Podéis sumarle a eso que nadie, absolutamente nadie de los que tienen responsabilidad en este pueblo: profesionales, técnicos, asociaciones (pretendidamente) culturales, etc… han levantado una sola voz en contra del poder. Si acaso, algunos han hecho todo lo contrario, han corrido presurosos a cantar sus alabanzas. Como a mí me gusta decir, la gente no es que tenga lo que se merece. En democracia, lo que la gente tiene es lo que quiere; es decir, lo que vota. ¿O es que nadie recuerda en qué quedaron las denuncias y las movilizaciones en torno als Pontets o el Pont Vell?
De modo que me parece muy bien todo lo que decís en vuestros comentarios, pero ya hace tiempo que llegué a una conclusión: el único arreglo que esto tiene es que quienes gobiernan dejen de hacerlo. ¿Quién se apunta?
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