Efectivamente, la cosa del Jumelage ha dado para una cierta polémica. A sabiendas de que terminarían descargando sobre mí toda su artillería, me animé a terciar en el asunto ante la respuesta que desde el P.P. dieron a Poli. Este es el texto publicado en el diario “Información” hace unos días:
“Aunque existe la licenciatura en políticas, no existen las escuelas para la formación de políticos. De modo que cuando un ciudadano normal decide por un tiempo entrar en política, y más si es en la esfera municipal (guiado por el único deseo de servir a su pueblo desde las ideas propias) lo hace con su particular bagaje, su historia y sus circunstancias personales. De la política espera el debate y la contrastación de propuestas, y mantiene la –en cierto modo ingenua- esperanza de que los ciudadanos sepan valorar objetiva e imparcialmente cuanto dice o hace. Y digo esperanza ingenua porque, como muy bien decía el filósofo John Locke, por mucho que un planeta tuviera entendimiento para describir perfectamente las leyes de su órbita, no tendría capacidad para modificar un solo ápice su trayectoria. O lo que es lo mismo: que las conductas humanas –y políticas- no se rigen exclusivamente por la razón, sino que pesan mucho en ellas los sentimientos, las emociones y demás derivados de otras vísceras que poco tienen que ver con el cerebro o con el desinterés.
De ahí a las medias verdades, por no decir a las mentiras puras y duras, sólo hay un paso, y el P.P. gusta de darlo. Incurren así, con pasmosa facilidad, en la falta de respeto, en la descalificación personal, en el argumento ad hominem, en las doctrinas filonazis que querían hacer verdad de la repetición continua de la mentira. Es la ‘política’ en su peor versión, en la más innoble: la que olvida el servicio a los ciudadanos por la pura conservación del poder, o por el beneficio partidista o, incluso, particular.
Hace unos días, el concejal D. Policarpo Ramón Penalva (Policarpo, sin más tratamiento, en la inopinada familiaridad que le muestra la señora concejal de cultura) tuvo la osadía de escribir un artículo en el que ponía en evidencia algunas actuaciones que no le parecían correctas. Estaba escrito desde un profundo sentimiento tanto de aprecio por el Jumelage entre Crevillent y Fontenay-le-Comte, como de justa indignación por la escasa atención que desde hace años le ha prestado el actual gobierno municipal. El artículo –aunque se mencionase a otras instituciones- no iba dirigido a nadie más que al gobierno local, y lo escribía alguien con sobrada autoridad moral en el tema, puesto que el Jumelage ha sido algo realmente importante en su vida. Doy fe de que el texto fue redactado, revisado y vuelto a redactar unas cuantas veces, precisamente para que ninguna palabra estuviera fuera de sitio y no se dijera nada inapropiado o malinterpretable. El Sr. Ramón escribía también desde su propia experiencia, y se interesaba por algo tan importante para él como la participación de la Banda Unión Musical. Faltaría más, ¿o es que quizá tendría que haberlo hecho en nombre del Crevillente Deportivo, o de alguna comparsa, o de una cofradía? Todo el mundo sabe que Poli (yo sí le puedo tutear) es músico, y no futbolista, festero o cofrade.
Eso que es un timbre de honor que no hay que esconder, pretende ser convertido en un detalle vergonzante por parte de la Sra. concejal. Realmente resulta increíble. Pero no se trata más que de una pequeña muestra de la respuesta con la que la Sra. Mas García ha regalado al Sr. Ramón Penalva, plagada de insultos y descalificaciones y falta, en cambio, de argumentos.
Soy de la opinión de que cuando la cosa deriva por ahí lo mejor es no contestar, y volver a las preguntas sencillas y los planteamientos claros. Y lo que resulta sencillo y claro como el agua, lo que es un clamor en todo Crevillent, salvo para quien no lo quiera ver (que siempre lo hay), es la escasa operatividad, por no decir la práctica ausencia, de política cultural; área de la que precisamente es responsable la Sra. Mas García. Pasa con esto como con otras tantas cosas: el P.P. espera a que las instituciones le hagan las actividades para después apuntarse el tanto. Creo que buena parte de nuestra sociedad civil haría bien en plantearse poner fin a este estado de cosas, o al menos comenzar a expresar sin rodeos a nuestros gobernantes lo que en privado es un comentario cada vez más repetido.
Claro que en cierto modo les comprendo. Las aguas no bajan precisamente mansas por el anchuroso río del P.P. Hay demasiado remolino y demasiada turbulencia. Ya se lo hemos dicho a Poli: simplemente te acaban de distribuir la primera ración del jarabe del P.P. Pero no hay que disgustarse por ello. También ellos mismos se lo andan recetando generosamente, sin ir más lejos en la reunión provincial que tuvieron el otro día, donde el exalcalde de Castalla le espetó a nuestro primer edil, que previamente le había calificado de ‘tiralevitas’ y ‘chupatintas’: “si me hubiera referido a ti, habría sido más duro”. Esto, en el fondo, es como la fábula del escorpión y la tortuga. ¿Por qué el primero picó a la segunda, cuando ésta le había hecho un gran favor? Sencillamente, porque estaba en su naturaleza. Qué quieren que les diga, no esperaba otra respuesta de la naturaleza del P.P.”
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