ETA, de nuevo

¿Es mucho pedir que en un país democrático occidental, una campaña electoral se desarrolle en paz, sin sangre, sin muerte, sin terrorismo?
La mañana del viernes transcurre en paz. Han sido unas horas amables y estimulantes, que hemos dedicado a repartir propaganda y a hablar con la gente en el mercadillo de la Rambla. El ambiente es el habitual, con ciertos matices: muchos ciudadanos aún andan despistados por el cambio de emplazamiento; en el aparcamiento junto al Auditorio, un par de concejales del P.P. intenta capear la bronca que les lanza un buen puñado de comerciantes disgustados… A nosotros, bastante gente no tiene inconveniente en mostrarnos sus simpatías por la causa progresista que representamos.
Es más de la una cuando regresamos a la sede del partido. Nuestra intención es pasar la tarde en El Realengo y San Felipe. Pero, de pronto, el teléfono suena, y el temor que siempre ha estado ahí durante toda la campaña se materializa: un ciudadano ha sido tiroteado por los asesinos de ETA. Las noticias son confusas. En algunos momentos, parece que se salvará. Pero en torno a las tres, nos confirman su muerte. Toda la alegría y la ilusión de la campaña se desmorona; la rabia y la tristeza lo inundan todo.
Durante la tarde vamos sabiendo cosas de la víctima. Un trabajador, socialista y sindicalista, hijo de emigrantes, padre de tres hijos. Se llamaba Isaías Carrasco y tenía 42 años. Esos eran todos sus ‘delitos’ a los ojos de los fascistas salvapatrias de ETA: ser un ciudadano honrado, nada más. Como Fernando Buesa y su escolta, muertos hace ocho años, también en parecidas circunstancias; como los casi doscientos muertos de los atentados islamistas de Madrid de hace cuatro años.
Suspendemos todos los actos de campaña. José Vicente Mas Zaplana es el primero en llamarme. Me expresa sus condolencias, pues el finado era militante socialista, y me plantea celebrar la concentración cívica, desgraciadamente habitual, que su coordinadora organiza en estos casos. Le digo que mejor hoy, por respeto a la jornada de reflexión de mañana. Quedamos a las 8 en la Plaza de la Constitución.
Paso buena parte de la tarde en soledad, en un apartado rincón de nuestra sierra. He puesto un rato las emisoras de radio. Una de ellas brilla con luz propia. Me refiero a la evangélica COPE, a quien la ocasión le viene pintada para colocar una vez más y a la desesperada su insistente mensaje de estos últimos años. El cadáver aún está caliente y sin enterrar, pero a ellos les da igual. Son un prodigio de degeneración moral, y además cuentan con el placet de la santa jerarquía. Cuando oigo a una oyente decir que el atentado beneficia a los socialistas, como los de hace cuatro años, maldigo a esta gentuza y apago el receptor.
A las 8 de la tarde, en la Plaza. José Manuel Penalva, en nombre del Compromís, me expresa sus condolencias. Yo habría hecho lo mismo si el muerto, que lo es de todos los demócratas, fuese militante de cualquier otro partido. También lo hace Antonio Ramón Guilabert, director de Telecrevillent. Hace un par de horas he hablado con él para pedirle que no emita más espacios electorales de mi partido. Lo mismo le había solicitado Compromís, pero parece que no el P.P. En ese partido, todos están mudos. Nadie, ninguno de sus militantes, ha tenido la menor palabra de cortesía. Tampoco nadie ha sabido estrecharnos la mano. Ni el propio alcalde, que tampoco nos ha llamado a los portavoces para fijar la postura institucional. En este aspecto, el acto termina como ha empezado. No sé en qué están pensando, pero sinceramente, esperaba otra cosa, aunque al menos, hemos estado juntos. Por fortuna, los ciudadanos sí saben estar a la altura de las circunstancias: alguien deposita frente a la pancarta un pequeño ramo de flores.
Y allá, en la lejana Euskadi, una familia llora la muerte de su padre. El fanatismo, una vez más, desde los lejanos tiempos del Antiguo Testamento, ha terminado con la vida. Esta mañana de sábado, sin embargo, mientras un energúmeno radiofónico de menor talla moral que física se desgañita llamando borregos a los españoles, la hija mayor de Isaías nos ha dado una lección de entereza y de cuál es el único camino: mañana, todos a votar.

P.D.1. El antiguo comandante de puesto de la Guardia Civil nos llama para transmitirnos sus condolencias.

P.D.2. En la mañana del día 10 de Marzo, se celebra la concentración en repulsa por el atentado en la puerta de la Casa Consistorial. En ausencia del alcalde, el primer teniente de Alcalde, Manuel Moya, nos transmite también sus condolencias.

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