El sábado fue un gran día. Hacía mucho tiempo (más del que yo llevo en el Partido) que no veíamos un ambiente como ese: alegría, buen humor, y sobre todo, esperanza. No se trataba sólo de la cantidad de militantes que abarrotaron el salón; también estaban los simpatizantes, y los amigos. Y sobre todo, los jóvenes. “Quanta joventut”, era el comentario, entre sorprendidos y emocionados, que muchos compañeros me transmitían.
Cosas como esta son fruto de un trabajo serio y discreto. He pasado toda la semana anterior a la Asamblea visitando –y hablando, escuchando- a militantes y simpatizantes, acompañado por –como él mismo dice- mi lazarillo, Manolo Carreres. Si en el partido todos somos prescindibles, él es quien menos lo es: por sus ojos miramos muchas cosas. Y con él, tantos compañeros que han estado trabajando llamando a otros compañeros, adecentando la sede, preparando el acto: este es un Partido Grande.
Estoy particularmente satisfecho de la lista. La Ejecutiva me autorizó a hacer la lista que necesitase y así ha sido. Sólo he hallado generosidad por todas partes. He valorado sobre todo la capacidad para formar equipo y la pasión por nuestro pueblo. Él será quien el 27 de Mayo nos dirá, a poco que los cómplices de siempre no le hurten una vez más la posibilidad del debate público sobre las alternativas que se le ofrezcan, si hemos –si he- acertado.
Siempre hay un momento especialmente emotivo. El del sábado fue el del aplauso, cálido, largo, profundo, sincero, que la asamblea le dedicó a Esther Asensio. Se va como es ella: sin nostalgias, discretamente, sin alharacas ni aspavientos. Yo le dije que me resistía a despedirla: sé que la tendremos siempre para todo. Al igual que a Germán García. Ninguno de los dos pertenece a la estirpe de los que desaparecen o escurren el bulto cuando de trabajar desinteresadamente se trata.
Al final, 99% de los votos. No es nuestro triunfo: es el de todo un partido concediéndose a sí mismo el crédito necesario para iniciar un nuevo proyecto político. Cuando ganemos el gobierno, tampoco será nuestro triunfo, ni siquiera el del partido: será el de Crevillent apostando, al fin, por respirar un aire menos opresivo y viciado; apostando, en definitiva, por el cambio necesario.
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